-Creo que va a ser mejor que me fije la…profundidad del
agua. Hay un par de lugares en el lago donde el agua no es muy profunda, no
quiero que tengamos ningún problema.
Paula lo miró mientras Pedro se fijaba. Como ella iba a
concentrarse en aprender a navegar teniendo delante el hombre que alteraba cada
parte de su cuerpo. Ella intentó concentrase en el barco y en la dirección que
estaba tomando, pero en su lugar, se estaba imaginando el aspecto que tendría
aquel torso sin remera. Aquel no era definitivamente el cuerpo que ella conoció
cuando era jovencita. Se sentía una tonta adolescente. Se dio cuenta que casi
no conocía a este nuevo Pedro.
Su imaginación le estaba jugando una mala pasada. Paula se
iba a esforzar por mantener una relación con él a un nivel puramente de
amistad. En un principio quiso hablar con él sobre el beso del hospital, pero
ahora prefería olvidarse de eso, simplemente no iba a volver a pasar. Pronto
encontraría una manera de contarle la verdad sobre Benja. Pero por el momento,
este día se limitaría a aprender a navegar. Era lo único que tenía que hacer.
Media hora después, Paula tenia la mente llena de
información sobre como tenía que desenvolverse
dentro del barco, pero incapaz de seguir concentrada ni un minuto más,
probablemente era culpa del sol.
Pedro se dio cuenta
de eso y se la quedo mirando detenidamente.
-¿Estás bien?
Paula asintió con la cabeza .
-Me parece que te
esta dando demasiado el sol. Aunque este nublado, creo que te estas quemando.
Pedro se metió a la cabina y volvió a salir con un pote de
crema en la mano. Se sentó frente a ella.
-¿Qué paso con vos? Cuando éramos chicos siempre estabas
quemada, hasta en invierno.
Ella se encogió de hombros.
-En mi oficina no da mucho el sol-. Dijo desenroscando el
pote y echando mas crema sobre el barco que sobre ella misma.
-Por favor déjame a mi-. Se lleno la palma de la mano de
crema.- Pone tu pie sobre mi rodilla.
Ella lo hizo y espero … y espero. Levanto la mirada y pudo
ver a Pedro que se había quedado congelado
con las manos quietas a un
centímetro de su piel, y mirando fijamente sus piernas.
-¿Pedro?
-¿Qué…que ?
-¿La crema?
Pedro sonrió, pero la calma no volvió a sus ojos.
Con mucho cuidado empezó a extenderle la crema con
movimientos circulares. La cara de Paula enrojeció a causa de un fuerte deseo.
Ordeno a su cuerpo que se controlara y que apagara aquel fuego que sentía desde
que Pedro la volvió a besar. Intento acordarse de la razón por la cual estaban
ahí: navegar, aprender a navegar. Pero lo que estaba haciendo Pedro le impedía
pensar en otra cosa.
Pedro se dispuso a extender la crema en la otra pierna de
Paula, levanto la vista para mirarla a los ojos. Estaba sintiendo lo mismo que
el. Pero tenía que parar.
-¿No terminaste todavía?¿No crees que ya me pusiste suficiente?
-No. Pero no creo que pueda soportarlo durante más tiempo.
Una ráfaga de aire inesperado capto la atención de ambos.
Ella retiro la pierna.
-Sospecho que vamos a tener esa lluvia que quería-. Dijo
mientras cerraba el pote de crema y lo dejaba nuevamente en la cabina.
-¿Ya está lloviendo allá?-. Señalando el oeste.
-¿Queres que vayamos rumbo a la tormenta? Sería una buena
práctica para vos.
Ella asintió en silencio, sabía que si concentraba en
navegar mientras que el viento le daba en la cara, la iba ayudar a aclarar su
mente. Tenía que calmar sus nervios de alguna manera
Él soltó los amarres de vela y se los ofreció a ella.
Acá están, vamos a ver qué aprendiste.
Ella tomo las cuerdas con una mano y el timón con la otra.
Iba a ser todo un reto y al mismo tiempo muy divertido. De vez en cuando el
viento demostraba ser más fuerte que ella. Paula tuvo que enrollarse las
cuerdas en la cintura, así podía agarrar el timón con ambas manos. Se encontró
riéndose de si misma. Hacía mucho tiempo que no la pasaba tan bien, mientras
Pedro se mantenía al margen observándola. Después de un rato Pedro le hizo una
señal para que pare. El se hizo cargo del timón.
-Estamos muy cerca de la orilla. No me acuerdo bien donde
estaba el cauce , las partes más profundas del lago, hace mucho tiempo que no
venia. Va a ser mejor que nos vayamos.
A paula no le pareció nada divertido. Quedarse ahí encajados
podía resultar muy embarazoso. De pronto se dio cuenta que todos los barcos que
estaban a su alrededor habían desaparecido.
-Deja caer el foque y la vela al mismo tiempo y gira rumbo
al puerto, a la izquierda estamos a pun to de perder el cauce.
Ella, que se había incorporado y tomo el timón, sintió que
el barco apenas se movía.
-Así no, la otra izquierda-. Dijo Pedro girándose hacia ella
al mismo tiempo que agarraba el mástil.
-¿La otra izquierda?¿Que…?-.
Paula empezó a dudar de la dirección que tenía que tomar. De pronto el
barco se detuvo bruscamente al tiempo
que se oía un fuerte golpe seco. Acto
seguido un silencio sepulcral lleno de aire. Solamente se escuchaba el ruido
del agua chocando contra el casco del barco inmóvil.
-Te olvidaste lo que significa izquierda: mover el timón
hacia la derecha-. Dijo rompiendo el silencio y mirándola.
-¿Nos quedamos encallados?
-Ya vamos a ver.
Y fue a comprobar si lo que Paula preguntaba era verdad.
Cuando termino, volvió al lado de ella.
-¿Qué puedo hacer para ayudar?
-Nada por el momento. Ya te voy a decir lo que podes hacer
cuando sea necesario.
Pedro se saco la gorra y la tiro dentro de la cabina. Luego
la remera y con un movimiento rápido se tiro al agua.
-¿Qué vas hacer?-. dijo asomándose por la borda para verlo.
Lo que él quería hacer y lo que iba a hacer eran dos cosas
muy distintas. Estaban en un ligar relativamente público y ella no había dejado
suficientemente claro que no quería que
el intente algo con ella.
Tomo aire se sumergió bajo el agua para comprobar el estado
del casco del barco.
-Vamos a llevar el barco de nuevo hasta el cauce.- dijo una
vez que volvió a la superficie.
Ella lo miraba con sus fuertes y adictivos ojos. Pedro no
fue capaz de sostenerle la mirada y la desvió hacia la costa. Sintió que eso
había sido una cobardía, entonces volvió a mirarla y comprobó que ella seguía
observándolo mientras sonreía leventemente.
Pedro se agarro del borde del barco para reprimir el impulso
de subir y besarla. Por el momento iba a conformar contemplándola.
Tratando de aprovechar la adrenalina que crecía en él.
Empujo con fuerza el barco y vio como los ojos de Paula se abrían atónitos al
comprobar que se estaban desencallando. Después de otro par de empujones
violentos y con la ayuda de Paula en el timón, el barco volvió al cauce. Pedro
subió a la cubierta.
-Buenísimo! Pero…
-¿Qué?
-¿Todos los marineros se quedan encallados de esta manera?
-Solo si están ayudados por inexpertos o… si los distraen
mujeres lindas.
-Pero el yate de Nacho es demasiado grande para que yo lo
maneje en una situación similar, ¿Qué tendría que hacer?
-¿Yate? ¿Cómo es de grande el barco de Nacho?
-Bueno se que es el más grande del lago, por eso el
gobernador espera estar a bordo de él el sábado.
-Paula vos no podes navegar un barco tan grande. No podes
igual después de un par de horas de aprendizaje. Además vas a necesitar la
ayuda de más gente.
- Bueno, entonces vos vas hacer quien maneje ese barco y con
los demás Nacho seguro tiene todo preparado.
-¿Yo, Pau?
-Si vos, dale por
favor te necesito.
-Está bien, lo voy hacer. Bueno entonces ya no necesitas más
clases ¿No?
Ella movió la cabeza un poco decepcionada. Pedro odiaba
verla de esa manera.
-Quizá tengamos la posibilidad de navegar juntos otro día.
-Mira.
Pedro miro hacia donde ella estaba señalando justo a tiempo
para poder ver la línea de lluvia moviéndose sobre las olas viniendo en
dirección a ellos. Cuando movió el timón de nuevo la lluvia ya los estaba azotando violentamente en la
cubierta del barco. Pedro tuvo la sensación
de no poder impedir un desastre.
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:) ayyyyyyyyyy
ResponderEliminarGenial este cap!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarAmor amor amor????? Están a full los tortolitos. Muy buena
ResponderEliminarque vuelva el amor en ellos se lo merecen
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