-Entiendo que tu orgullo este este dolido, hijo-. Dijo Ana
la mama de Pedro mientras sacaba del cajón de la cocina una espátula para poder despegar de la bandeja
las galletitas que acababa de hacer.- y por supuesto tienes toda la razón de
estar indignado.
Respirando profundamente, Pedro sabía que tenía que escuchar
otro sermón. En los dos últimos días que habían pasado, desde que dejo a Paula
en el rancho de su madre y él y su hijo
habían llegado allí, el se había dado suficientes sermones a sí mismo. Esperaba
que su madre se ponga de su lado y que lo entendiera, pero la simpatía no
parecía aparecer en la agenda de su madre ese día.
-Quiero decir, vos que fuiste tan honesto-. Dijo Ana con
sarcasmo-. Yo creo que un hombre que nunca ha dicho una mentira tiene el
derecho a esperar que todos lo traten con el mismo respeto.
-Muy graciosa, mamá. Sabes perfectamente que por culpa de mi
trabajo tengo que inventarme todas esas historias. Trabajo de forma encubierta
para poder detener a los criminales, no es lo mismo ni mucho menos.
-Claro y vos a ella no le mentiste ni le ocultaste nada no?
-Es distinto, además tuvo millones de oportunidades de
decirlo y no me lo dijo. Diez años perdí de ver crecer a mi hijo.
-Ya lo se Pedro, pero también sé que fue muy difícil todo
para ella, no es fácil criar a un hijo sola.
-Porque quiso.
-Pareces un nene caprichoso.
-No es capricho mama, es dolor, es confusión.
-Lo sé hijo, entiendo cómo te sentís. Trata de dejar ese orgullo de lado que no te
permite avanzar y pensa en ese futuro que siempre soñaste con Paula.
-Es muy difícil mama.
-Nadie dijo que la vida era fácil pepe, tenes dos opciones o
encerrarte en ese dolor, o avanzar. Hijo todos cometemos errores en esta vida,
lo importante es aprender de ellos. Hoy tenes la oportunidad de formar una
familia con la mujer que amas no la pierdas.
Estando ahí, en el lugar en el que había crecido, oliendo el
aroma a las galletitas recién hechas, deseo que su vida hubiese sido con él
siempre había soñado. Hubiera dado cualquier cosa por no haberse convertido en
aquel cazador de criminales, no solamente tenía que mentir él, sino forzar a su
madre a hacerlo también.
Ella nunca se había quejado por tener que contarles a amigos
y vecinos las historias inventadas sobre
el trabajo de Pedro y por la razón por la que no había vuelto a casa durante
tanto tiempo. Para el siempre fue muy duro pedirle que mintiera. Dos días atrás
había tomado la decisión de dejar de mentir y empezar una vida con Paula.
Ahora no se podía ni plantear en decirle la verdad a Benja,
algunas verdades parecían mas difíciles de contar que otras.
-Galletitas!- dijo Benja apareciendo por la puerta con las
botas llenas de barro y con la cara y las manos sucias. Se acerco hasta el
plato de galletitas y cuando fue a tomar una, la madre de Pedro le dio con la
espátula en la mano.
-Ay!, abuela ¿Puedo comerme una galletita?
Ana le había pedido a Benja que la llamara abuela antes de
saber la verdad.
-Podes comerte todas las galletitas que quieras-. Le dijo mientras
le tomaba las manos de Benja.- tan
pronto te hayas lavado estas manos y te saques esas botas.
Benja frunció el ceño uno segundos y luego también sonrió.
-¿Cuántas galletitas?
Ana sonrió ante el comentario.
-Muchas, además, podrás hacer algo más.
Los ojos del niño se abrieron.
-A los niños que se portan bien, que tiene las manos y las botas limpias, les dejo que me ayuden a hacer las galletitas.
-Ya vengo abuela, no empieces sin mí.
-Dale anda tranquila yo te espero.
Benja salió corriendo por el pasillo. Pedro se quedo mirando
la sonrisa de su madre mientras veía como su nieto desaparecía. Y mientras
pensaba las palabras de su madre, trataba de entender a Paula. Su madre tenía razón,
Paula había hecho lo que cualquier persona hubiera hecho en sus mismas
circunstancias. En ese momento era muy joven y la persona en la que mas
confiaba había desaparecido, abandonándola. Parte del dolor, que en aquel
momento sentía Pedro, procedía de su
sentimiento de culpa. El orgullo le impidió ir a París a buscarla al salir del
hospital. No dudaba de que ella lo intente buscar. La verdadera pregunta era ¿Por
qué el padre de Paula insistió tanto en que lo deje de buscar?
-¿Le vas a decir hoy
a Benja que vos sos el papá?-. la voz de
su madre lo saco a Pedro de sus pensamientos.
-No si voy a poder mamá, no sé cómo hacerlo.
-Por el amor de dios. Tu corazón te va a decir cómo hacerlo.
Estas dando demasiadas vueltas.
Antes de que Pedro le pueda
contestar y explicar que no podría soportar el dolor en los ojos del pequeño
cuando se entere de que su mamá le había mentido, Benja apareció en el marco de
la puerta.
-¿Fui rápido abuela?¿Llegue a tiempo para ayudarte con la
otra tanda?
-Si , pero primero vas a merendar y después seguimos con las
galletitas. A que adivino queres chocolatada y las galletitas que hizo la
abuela?
- Siii.
-Ya te la hago, ¿Vos también queres un vaso de leche?-. dijo
mirando a Pedro.
Él asintió y sentó cerca de Benja. Mientras merendaban los
tres juntos Ana decidió hablar del tema de su papá con el nene.
-¿Pensaste alguna vez en tu papá, Benja?
Pedro casi se ahogo con una galletita y Benja asintió con la
cabeza mientras le daba un sorbo a su vaso.
-Si ya suponía que lo habías hecho-. Dijo mientras miraba a
su hijo con una mirada de “mantene la boca cerrada”.- ¿Y cómo te lo imaginas?
-Me lo imagino exactamente como pepe.
-¿Ah, sí? Y, ¿Cómo sabes que es como él?
-Mama me lo dijo. Me dijo que era grande y fuerte y que sabía
sobre todas las cosas.
-¿Te dijo algo más?- dijo Pedro sin poder resistirse.
Benja pensó durante un momento.
-Me dijo que le gustaba ayudar a otras personas, y que nunca
mentía a nadie. Y que por eso ella lo quería tanto.
La madre de Pedro apoyo su mano sobre el hombro de su nieto y
hablo cariñosamente.
-Benja, a veces las cosas no son como nos gustarían que
fueran. Algunas veces la gente hace daño a los demás accidentalmente. Sin tener
la intención de haberlo hecho.
-Si lo sé, como cuando practique con el lazo yo solo, no quería
que mama se enojara pero la hice enojar.
-Justo, como eso. Ahora la abuela te va a contar algo pero
necesito que me mires a los ojos y que escuche con atención.
-Mama mejor no.
-Pedro déjame a mi hijo por favor.
-¿Qué dirías se te cuento que Pedro es tu verdadero padre y
que no fue su intención el haber estado separado tanto tiempo de ti, pero que
el destino, accidentalmente, así lo dispuso?
Benja miro a Pedro, luego volvió a mirar a su abuela.
-¿Mama sabe todo esto no?
Pedro contuvo la respiración. Su madre había empezado con
todo eso y esperaba que encuentre un buen final.
-Si lo sabe. Pero no sabe como explicártelo. Algunas partes
de la historia son complicadas y necesitarías ser un poco más grande para
entenderlas.
Un par de segundos despues, Benja dio un salto de su silla y
corrió hacia Pedro.
-¿De verdad sos mi papá?
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Hola aca un nuevo capitulo. Gracias x el aguante!!
me encanto, me encanta beja, pp y pau la relacion que tiene subi mas , por favor
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