martes, 3 de septiembre de 2013

capitulo 22








El día después de su comida con Agustín, Paula. Se tomo el día libre. Hacía años que no iba  a pasear al lago.
El paisaje no había cambiado mucho. El terreno que lo rodeaba pertenecía a diferentes rancheros que no habían construido nada que pudiera alterar el paisaje. Cuando era jovencita ella y sus amigas habían pasado cada verano en el lago.
-Pau-. Dijo Pedro, sacándola de sus pensamientos mientras se acercaba al muelle, en el que ella estaba, con una he laderita en la mano-. ¿Qué paso, me vas a contar para que me llamaste?
El corazón de Paula empezó a latir con tal fuerza que parecía que le iba a salir del pecho. Tuvo que hacer un esfuerzo para poder hablar con normalidad y explicarle la razón por la que lo habia llamándolo pidiéndole ayuda.
-Me dijiste que sabias navegar, que podes capitanear cualquier tipo de barco de un mástil, bueno, quiero que me enseñes.
-¿Ahora?¿Hoy?¿No podes dejarlo para otro momento mejor?
-Desearía poder esperar toda la vida, pero creo que no tengo otra alternativa.
-Recuerdo vagamente que vos nunca estuviste interesada en la navegación. Siempre decías que preferías la seguridad de un motor, que no te gustaba exponerte a la merced del viento ¿Qué paso? Que cambiaste de opinión.
-Es una historia muy larga, pero es un imperativo que aprenda a hacerlo. Ese que está ahí es el barco de una amiga. Me dijo que podemos usarlo por un par de horas ¿Crees que te va a llevar mucho tiempo enseñarme a navegar?
El hizo una mueca y dando un salto subió a la cubierta del barco.
-Las cosas necesitan su tiempo. Enseñarte a navegar en una tarde, me parece un poco precipitado. ¿Me podes explicar porque tanto apuro?
-Después.
Paula también salto al barco, pero apoyo mal la zapatilla sobre la cubierta  y choco contra Pedro. El la rodeo con el brazo de forma instintiva para sostenerla. La reacción del cuerpo de Paula  en contacto con el pecho de Pedro la molesto. Ella simplemente no tenía tiempo en aquel momento para estremecerse por un tonto accidente. Se echo hacia atrás, intentando alejarse de  él y la tentación.  Pedro busco con la mirada los ojos de Paula, escondidos tras los anteojos de sol, para asegurarse que ella también había sentido esa conexión.
-¿Qué hago primero?
Pedro puso la heladerita dentro de la pequeña cabina y volvió donde estaba ella.
-¿Te acordas cuando andábamos en lancha?¿Cuando te enseñe a amarrar?
-Más o menos.
Lo que recordaba sobre aquel tiempo se limitaba a que era joven y que estaba enamora. Aquellos recuerdos volvían a ella.
Después de unos minutos se estaban alejando de tierra. Pedro comprobó la dirección del viento y frunció el ceño al divisar en el horizonte  unas nubes negras. Normalmente el viento vigoroso en el lago, pero con una tormenta acercándose,  solamente corría una brisita tranquila.
-Tenemos un pequeño un problema. Va a ser muy difícil sacar el barco de acá con tan poco tiempo, y no creo que vos seas una gran ayuda.
-Puedo seguir instrucciones perfectamente, decime que queres que haga.
-Tomo el timón-. Grito Pedro.- yo voy a izar la vela.
Cuando Paula dijo que era capaz perfectamente de seguir  instrucciones, la cabeza de Pedro se lleno de imagines del pasado.  Necesitaba controlarse. Ya no era ningún adolescente lleno de hormonas. Ahora era un adulto que podía controlar sus deseos, tenía que esperar, por lo menos hasta encontrar una manera de estar seguro de que ella ya no estaba enamorada de Baldwin.
-¿Qué es el timón?
-El timón es esta especie de rueda.
Pedro la miraba detenidamente, ella era la imagen de la perfección que recordaba. Estaba muy linda. A pesar de lo que ella provocaba decidió continuar desde la distancia.
-Simplemente Acordate de que cuando te diga la derecha, vos gires el timón hacia la izquierda y viceversa.
El la miro de reojo. Parecía que tenía quince años otra vez. Se fijo como se mordisqueaba  los labios y como se los acariciaba con la punta de la lengua mientras estaba totalmente concentrada en lo que estaba haciendo. Pedro se sentó justo en frente a ella.
-¿Estás bien?
Ella asintió pero sin dejar de mirar al horizonte.
Pedro le dio una serie de consejos e instrucciones sobre la navegación. Ella los iba poniendo en práctica mientras hablaban.
-Espero que cuando avancemos un poco, el viento sea más fuerte.
-Estoy segura de que el viento va a cooperar. Y quizá llueva un poco, así nos refrescamos de este calor.
-A lo mejor. Pero si esta tormenta descarga antes de que se haga de noche, nos vamos a empapar.
-Mmm.
-¿Qué significa eso?
-Que me encantaría. Hace años que no estoy bajo la lluvia sin salir corriendo a resguardarme. Cuando era pequeña, recuerdo que me encantaba sentir el húmedo frio de la lluvia sobre la piel en un dia caluroso. Nacho y yo solíamos jugar a cazar gotas de lluvia con la lengua.
Pedro sonrió al imaginársela bajo la lluvia.
Cuando se encontraban en medio del lago, Paula se relajo, se saco los zapato, subió los pies al asiento en donde estaba, se acomodo y levanto la cabeza en dirección al sol.
-Había olvidado lo mucho que me gusta estar acá.
-Pau decime ¿Qué es tan importante para que en tu dia libre quieras aprender a navegar?
-Ayer comí con Agustín. Quería preguntarle si vos podías venir con nosotros a la regata del sábado así después podíamos ir al rodeo, pero no tuve la oportunidad. Me dijo que yo tenia que hacerme cargo del barco de Nacho en la regata. Supongo que mi primo encontró algo mejor que hacer en vez de jugar a los barquitos con el gobernador..
-¿Y vos estas obligada a hacer lo que diga Baldwin, porque…?
Ella lo miro enojada pero rápidamente corrió la mirada.
-Fui yo la que tuvo la idea de la regata hace meses. Hice de todo lo imaginable para darle publicidad. El gobernador tiene la llave para que Agustín sea el principal candidato en el partido. No quiero echar todo a perder, ni que el gobernador se enoje.
La operación exigía a Pedro ir a aquella regata. Hablar sobre Baldwin era una buena oportunidad  para intentar averiguar algo más.
-¿Por qué no te pones el anillo que te dio Baldwin últimamente?¿Paso algo malo?
-Se que la noche de la fiesta pareció como si yo hubiera aceptado su propuesta, pero no fue así. Para tu información, yo no voy por ahí besando a otros hombres si estuviera comprometida. Insistí aquella misma noche, en devolverle el anillo y ayer le dije que dejara de esperarme que nunca nos casáramos.
-¿Decidiste no casarte con el próximo gobernador con todo lo que ello supone?
-No, decidí no casarme con alguien del que no estoy enamorada. Realmente nunca ame a Agustín y hoy se porque.
Pedro reprimió un suspiro. Corrientes eléctricas le recorrían las venas. Aquella desolación que había estado presente en su vida, lo abandono de repente. Pero aun así todavía no era el momento para ellos.
Quizá Paula no quería a Baldwin, pero eso no significaba que lo quería a él. No era capaz de mirarla. Se miro las manos y se dio cuenta que estaban temblando incontroladamente.  Cualquier cosa que tuvieran que hablar, tendría que esperar. No sería capaz de se coherente, y su vida dependía de ello.

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Hola, se viene se viene, x ahora pau no va a decir nada pero se viene algo fuerte!!






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