El día después de su comida con Agustín, Paula. Se tomo el
día libre. Hacía años que no iba a
pasear al lago.
El paisaje no había cambiado mucho. El terreno que lo
rodeaba pertenecía a diferentes rancheros que no habían construido nada que
pudiera alterar el paisaje. Cuando era jovencita ella y sus amigas habían
pasado cada verano en el lago.
-Pau-. Dijo Pedro, sacándola de sus pensamientos mientras se
acercaba al muelle, en el que ella estaba, con una he laderita en la mano-.
¿Qué paso, me vas a contar para que me llamaste?
El corazón de Paula empezó a latir con tal fuerza que
parecía que le iba a salir del pecho. Tuvo que hacer un esfuerzo para poder
hablar con normalidad y explicarle la razón por la que lo habia llamándolo
pidiéndole ayuda.
-Me dijiste que sabias navegar, que podes capitanear
cualquier tipo de barco de un mástil, bueno, quiero que me enseñes.
-¿Ahora?¿Hoy?¿No podes dejarlo para otro momento mejor?
-Desearía poder esperar toda la vida, pero creo que no tengo
otra alternativa.
-Recuerdo vagamente que vos nunca estuviste interesada en la
navegación. Siempre decías que preferías la seguridad de un motor, que no te
gustaba exponerte a la merced del viento ¿Qué paso? Que cambiaste de opinión.
-Es una historia muy larga, pero es un imperativo que
aprenda a hacerlo. Ese que está ahí es el barco de una amiga. Me dijo que
podemos usarlo por un par de horas ¿Crees que te va a llevar mucho tiempo
enseñarme a navegar?
El hizo una mueca y dando un salto subió a la cubierta del
barco.
-Las cosas necesitan su tiempo. Enseñarte a navegar en una
tarde, me parece un poco precipitado. ¿Me podes explicar porque tanto apuro?
-Después.
Paula también salto al barco, pero apoyo mal la zapatilla
sobre la cubierta y choco contra Pedro.
El la rodeo con el brazo de forma instintiva para sostenerla. La reacción del
cuerpo de Paula en contacto con el pecho
de Pedro la molesto. Ella simplemente no tenía tiempo en aquel momento para
estremecerse por un tonto accidente. Se echo hacia atrás, intentando alejarse
de él y la tentación. Pedro busco con la mirada los ojos de Paula,
escondidos tras los anteojos de sol, para asegurarse que ella también había
sentido esa conexión.
-¿Qué hago primero?
Pedro puso la heladerita dentro de la pequeña cabina y
volvió donde estaba ella.
-¿Te acordas cuando andábamos en lancha?¿Cuando te enseñe a
amarrar?
-Más o menos.
Lo que recordaba sobre aquel tiempo se limitaba a que era
joven y que estaba enamora. Aquellos recuerdos volvían a ella.
Después de unos minutos se estaban alejando de tierra. Pedro
comprobó la dirección del viento y frunció el ceño al divisar en el
horizonte unas nubes negras. Normalmente
el viento vigoroso en el lago, pero con una tormenta acercándose, solamente corría una brisita tranquila.
-Tenemos un pequeño un problema. Va a ser muy difícil sacar
el barco de acá con tan poco tiempo, y no creo que vos seas una gran ayuda.
-Puedo seguir instrucciones perfectamente, decime que queres
que haga.
-Tomo el timón-. Grito Pedro.- yo voy a izar la vela.
Cuando Paula dijo que era capaz perfectamente de seguir instrucciones, la cabeza de Pedro se lleno de
imagines del pasado. Necesitaba
controlarse. Ya no era ningún adolescente lleno de hormonas. Ahora era un
adulto que podía controlar sus deseos, tenía que esperar, por lo menos hasta
encontrar una manera de estar seguro de que ella ya no estaba enamorada de
Baldwin.
-¿Qué es el timón?
-El timón es esta especie de rueda.
Pedro la miraba detenidamente, ella era la imagen de la
perfección que recordaba. Estaba muy linda. A pesar de lo que ella provocaba
decidió continuar desde la distancia.
-Simplemente Acordate de que cuando te diga la derecha, vos
gires el timón hacia la izquierda y viceversa.
El la miro de reojo. Parecía que tenía quince años otra vez.
Se fijo como se mordisqueaba los labios
y como se los acariciaba con la punta de la lengua mientras estaba totalmente
concentrada en lo que estaba haciendo. Pedro se sentó justo en frente a ella.
-¿Estás bien?
Ella asintió pero sin dejar de mirar al horizonte.
Pedro le dio una serie de consejos e instrucciones sobre la
navegación. Ella los iba poniendo en práctica mientras hablaban.
-Espero que cuando avancemos un poco, el viento sea más
fuerte.
-Estoy segura de que el viento va a cooperar. Y quizá llueva
un poco, así nos refrescamos de este calor.
-A lo mejor. Pero si esta tormenta descarga antes de que se
haga de noche, nos vamos a empapar.
-Mmm.
-¿Qué significa eso?
-Que me encantaría. Hace años que no estoy bajo la lluvia
sin salir corriendo a resguardarme. Cuando era pequeña, recuerdo que me
encantaba sentir el húmedo frio de la lluvia sobre la piel en un dia caluroso.
Nacho y yo solíamos jugar a cazar gotas de lluvia con la lengua.
Pedro sonrió al imaginársela bajo la lluvia.
Cuando se encontraban en medio del lago, Paula se relajo, se
saco los zapato, subió los pies al asiento en donde estaba, se acomodo y
levanto la cabeza en dirección al sol.
-Había olvidado lo mucho que me gusta estar acá.
-Pau decime ¿Qué es tan importante para que en tu dia libre quieras
aprender a navegar?
-Ayer comí con Agustín. Quería preguntarle si vos podías
venir con nosotros a la regata del sábado así después podíamos ir al rodeo,
pero no tuve la oportunidad. Me dijo que yo tenia que hacerme cargo del barco
de Nacho en la regata. Supongo que mi primo encontró algo mejor que hacer en
vez de jugar a los barquitos con el gobernador..
-¿Y vos estas obligada a hacer lo que diga Baldwin, porque…?
Ella lo miro enojada pero rápidamente corrió la mirada.
-Fui yo la que tuvo la idea de la regata hace meses. Hice de
todo lo imaginable para darle publicidad. El gobernador tiene la llave para que
Agustín sea el principal candidato en el partido. No quiero echar todo a
perder, ni que el gobernador se enoje.
La operación exigía a Pedro ir a aquella regata. Hablar
sobre Baldwin era una buena oportunidad
para intentar averiguar algo más.
-¿Por qué no te pones el anillo que te dio Baldwin
últimamente?¿Paso algo malo?
-Se que la noche de la fiesta pareció como si yo hubiera
aceptado su propuesta, pero no fue así. Para tu información, yo no voy por ahí
besando a otros hombres si estuviera comprometida. Insistí aquella misma noche,
en devolverle el anillo y ayer le dije que dejara de esperarme que nunca nos
casáramos.
-¿Decidiste no casarte con el próximo gobernador con todo lo
que ello supone?
-No, decidí no casarme con alguien del que no estoy
enamorada. Realmente nunca ame a Agustín y hoy se porque.
Pedro reprimió un suspiro. Corrientes eléctricas le
recorrían las venas. Aquella desolación que había estado presente en su vida,
lo abandono de repente. Pero aun así todavía no era el momento para ellos.
Quizá Paula no quería a Baldwin, pero eso no significaba que
lo quería a él. No era capaz de mirarla. Se miro las manos y se dio cuenta que
estaban temblando incontroladamente.
Cualquier cosa que tuvieran que hablar, tendría que esperar. No sería
capaz de se coherente, y su vida dependía de ello.
Hola, se viene se viene, x ahora pau no va a decir nada pero se viene algo fuerte!!
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