miércoles, 4 de septiembre de 2013

capitulo 23





-Creo que va a ser mejor que me fije la…profundidad del agua. Hay un par de lugares en el lago donde el agua no es muy profunda, no quiero que tengamos ningún problema.
Paula lo miró mientras Pedro se fijaba. Como ella iba a concentrarse en aprender a navegar teniendo delante el hombre que alteraba cada parte de su cuerpo. Ella intentó concentrase en el barco y en la dirección que estaba tomando, pero en su lugar, se estaba imaginando el aspecto que tendría aquel torso sin remera. Aquel no era definitivamente el cuerpo que ella conoció cuando era jovencita. Se sentía una tonta adolescente. Se dio cuenta que casi no conocía a este nuevo Pedro.
Su imaginación le estaba jugando una mala pasada. Paula se iba a esforzar por mantener una relación con él a un nivel puramente de amistad. En un principio quiso hablar con él sobre el beso del hospital, pero ahora prefería olvidarse de eso, simplemente no iba a volver a pasar. Pronto encontraría una manera de contarle la verdad sobre Benja. Pero por el momento, este día se limitaría a aprender a navegar. Era lo único que tenía que hacer.
Media hora después, Paula tenia la mente llena de información sobre como tenía que desenvolverse  dentro del barco, pero incapaz de seguir concentrada ni un minuto más, probablemente  era culpa del sol.
 Pedro se dio cuenta de eso y se la quedo mirando detenidamente.
-¿Estás bien?
Paula asintió con la cabeza .
-Me parece que  te esta dando demasiado el sol. Aunque este nublado, creo que te estas quemando.
Pedro se metió a la cabina y volvió a salir con un pote de crema en la mano. Se sentó frente a ella.
-¿Qué paso con vos? Cuando éramos chicos siempre estabas quemada, hasta en invierno.
Ella se encogió de hombros.
-En mi oficina no da mucho el sol-. Dijo desenroscando el pote y echando mas crema sobre el barco que sobre ella misma.
-Por favor déjame a mi-. Se lleno la palma de la mano de crema.- Pone tu pie sobre mi rodilla.
Ella lo hizo y espero … y espero. Levanto la mirada y pudo ver a Pedro que se había quedado congelado  con las manos quietas  a un centímetro de su piel, y mirando fijamente sus piernas.
-¿Pedro?
-¿Qué…que ?
-¿La crema?
Pedro sonrió, pero la calma no volvió a sus ojos.
Con mucho cuidado empezó a extenderle la crema con movimientos circulares. La cara de Paula enrojeció a causa de un fuerte deseo. Ordeno a su cuerpo que se controlara y que apagara aquel fuego que sentía desde que Pedro la volvió a besar. Intento acordarse de la razón por la cual estaban ahí: navegar, aprender a navegar. Pero lo que estaba haciendo Pedro le impedía pensar en otra cosa.
Pedro se dispuso a extender la crema en la otra pierna de Paula, levanto la vista para mirarla a los ojos. Estaba sintiendo lo mismo que el. Pero tenía que parar.
-¿No terminaste todavía?¿No crees que ya me pusiste suficiente?
-No. Pero no creo que pueda soportarlo  durante más tiempo.
Una ráfaga de aire inesperado capto la atención de ambos. Ella retiro la pierna.
-Sospecho que vamos a tener esa lluvia que quería-. Dijo mientras cerraba el pote de crema y lo dejaba nuevamente en la cabina.
-¿Ya está lloviendo allá?-. Señalando el oeste.
-¿Queres que vayamos rumbo a la tormenta? Sería una buena práctica para vos.
Ella asintió en silencio, sabía que si concentraba en navegar mientras que el viento le daba en la cara, la iba ayudar a aclarar su mente. Tenía que calmar sus nervios de alguna manera
Él soltó los amarres de vela y se los ofreció a ella.
Acá están, vamos a ver qué aprendiste.
Ella tomo las cuerdas con una mano y el timón con la otra. Iba a ser todo un reto y al mismo tiempo muy divertido. De vez en cuando el viento demostraba ser más fuerte que ella. Paula tuvo que enrollarse las cuerdas en la cintura, así podía agarrar el timón con ambas manos. Se encontró riéndose de si misma. Hacía mucho tiempo que no la pasaba tan bien, mientras Pedro se mantenía al margen observándola. Después de un rato Pedro le hizo una señal para que pare. El se hizo cargo del timón.
-Estamos muy cerca de la orilla. No me acuerdo bien donde estaba el cauce , las partes más profundas del lago, hace mucho tiempo que no venia. Va a ser mejor que nos vayamos.
A paula no le pareció nada divertido. Quedarse ahí encajados podía resultar muy embarazoso. De pronto se dio cuenta que todos los barcos que estaban a su alrededor habían desaparecido.
-Deja caer el foque y la vela al mismo tiempo y gira rumbo al puerto, a la izquierda estamos a pun to de perder el cauce.
Ella, que se había incorporado y tomo el timón, sintió que el barco apenas se movía.
-Así no, la otra izquierda-. Dijo Pedro girándose hacia ella al mismo tiempo que agarraba el mástil.
-¿La otra izquierda?¿Que…?-.  Paula empezó a dudar de la dirección que tenía que tomar. De pronto el barco se detuvo bruscamente  al tiempo que  se oía un fuerte golpe seco. Acto seguido un silencio sepulcral lleno de aire. Solamente se escuchaba el ruido del agua chocando contra el casco del barco inmóvil.
-Te olvidaste lo que significa izquierda: mover el timón hacia la derecha-. Dijo rompiendo el silencio y mirándola.
-¿Nos quedamos encallados?
-Ya vamos a ver.
Y fue a comprobar si lo que Paula preguntaba era verdad. Cuando termino,  volvió al lado de ella.
-¿Qué puedo hacer para ayudar?
-Nada por el momento. Ya te voy a decir lo que podes hacer cuando sea necesario.
Pedro se saco la gorra y la tiro dentro de la cabina. Luego la remera y con un movimiento rápido se tiro al agua.
-¿Qué vas hacer?-. dijo asomándose por la borda para verlo.
Lo que él quería hacer y lo que iba a hacer eran dos cosas muy distintas. Estaban en un ligar relativamente público y ella no había dejado suficientemente claro que no  quería que el intente algo con ella.
Tomo aire se sumergió bajo el agua para comprobar el estado del casco del barco.
-Vamos a llevar el barco de nuevo hasta el cauce.- dijo una vez que volvió a la superficie.
Ella lo miraba con sus fuertes y adictivos ojos. Pedro no fue capaz de sostenerle la mirada y la desvió hacia la costa. Sintió que eso había sido una cobardía, entonces volvió a mirarla y comprobó que ella seguía observándolo mientras sonreía leventemente.
Pedro se agarro del borde del barco para reprimir el impulso de subir y besarla. Por el momento iba a conformar contemplándola.
Tratando de aprovechar la adrenalina que crecía en él. Empujo con fuerza el barco y vio como los ojos de Paula se abrían atónitos al comprobar que se estaban desencallando. Después de otro par de empujones violentos y con la ayuda de Paula en el timón, el barco volvió al cauce. Pedro subió a la cubierta.
-Buenísimo! Pero…
-¿Qué?
-¿Todos los marineros se quedan encallados de esta manera?
-Solo si están ayudados por inexpertos o… si los distraen mujeres lindas.
-Pero el yate de Nacho es demasiado grande para que yo lo maneje en una situación similar, ¿Qué tendría que hacer?
-¿Yate? ¿Cómo es de grande el barco de Nacho?
-Bueno se que es el más grande del lago, por eso el gobernador espera estar a bordo de él el sábado.
-Paula vos no podes navegar un barco tan grande. No podes igual después de un par de horas de aprendizaje. Además vas a necesitar la ayuda de más gente.
- Bueno, entonces vos vas hacer quien maneje ese barco y con los demás Nacho seguro tiene todo preparado.
-¿Yo, Pau?
-Si  vos, dale por favor te necesito.
-Está bien, lo voy hacer. Bueno entonces ya no necesitas más clases ¿No?
Ella movió la cabeza un poco decepcionada. Pedro odiaba verla de esa manera.
-Quizá tengamos la posibilidad de navegar juntos otro día.
-Mira.
Pedro miro hacia donde ella estaba señalando justo a tiempo para poder ver la línea de lluvia moviéndose sobre las olas viniendo en dirección a ellos. Cuando movió el timón de nuevo la lluvia ya  los estaba azotando violentamente en la cubierta del barco. Pedro tuvo la sensación  de no poder impedir un desastre.


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 Hola perdon la hora,  en los proximos capitulos se viene el gran momento, gracias x leer!!




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